IKELLA ALONSO
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Centro Penitenciario Madrid IV Navalcarnero. Madrid, 2022

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2022  "Pintura en el interior, 2002-2022"
Centro Penitenciario Madrid IV Navalcarnero. Madrid, Julio de 2022



Luis Francisco Pérez. 
Facebook. 4 de septiembre de 2022
 

Estas imágenes pertenecen a pinturas del artista Ikella Alonso (Madrid, 1971, @ikellaalonso), y fueron contempladas la pasada semana, junto a un pequeño grupo de invitados, en un lugar para nada habitual, un centro penitenciario. En concreto el C.P. Madrid IV de la localidad madrileña de Navalcarnero. La muestra fue gestionada por la asociación “Solidarios”, agrupación de personas comprometidas con quienes sufren la exclusión social. Acompañados por el artista y un responsable de la citada asociación pudimos ver una buena selección de su trabajo (catorce telas de 200x200, la mayoría, y las restantes de 150x150) realizado durante los últimos veinte años. La muestra llevaba por título “Pintura en el interior”, rótulo o etiqueta que perfectamente puede ser leído en un doble sentido: como el lugar en el cual las obras se exhiben (un centro penitenciario), y como el enunciado que refleja una determinada cualidad formal y expresiva de las pinturas, pues todas las telas son representaciones de interiores, y también, en consecuencia, análisis pictóricos del espacio en tanto que territorio de compleja y ambigua significación.

Dos décadas, veinte años (y en contra de lo que se afirma en un famoso tango), es ciertamente “mucho tiempo”, lo suficiente como para que la obra de un artista evolucione desde unos concretos parámetros expresivos -muy cercanas las primeras pinturas del entonces recién estrenado siglo al “espíritu” de artistas como Manolo Quejido y Alfonso Albacete, este último también un gran tratadista de interiores- a estadios de mayor complejidad representacional, incluso cuando la tenue frontera entre lo que vemos en un óleo y el siguiente sea de una muy sutil diferencia, existente pero casi invisible; como si esa refinada y pausada evolución se hubiera detenido en el doble tiempo de la acción y la contemplación.

Ikella como artista es un amante y conocedor de las imágenes artísticas, y entre ellas se encuentran lógicamente algunos de los más bellos interiores de la historia del arte de la Pintura. Interiores que han sido por el artista “leídos” (investigados, analizados, estudiados) con el fin de poder ofrecer su propia versión de tan famosos interiores. Ahora bien, lo que el atento espectador contempla no es solo una inteligente “traducción” (que también en su sentido más prosaico y como punto de partida), sino el sofisticado análisis de un “interior” que quizá deba más, indirectamente, a una acumulación de sensaciones culturales (escenas de películas, fragmentos de novelas, versos de poemas…, y por supuesto casas habitadas) que a una concreta filiación de causa y efecto dentro de la historia de la pintura universal.

“Pintura en el interior” es también, naturalmente, una “Poética del espacio”, y voluntariamente cito el bello título del no menos hermoso ensayo de Gaston Bachelard. Tanto es así que he recurrido a la primera frase del primer capítulo de este libro, luego de la magnífica Introducción, para mejor “posicionar” las pinturas de Ikella Alonso. Dice así ese estupendo arranque: “Para un estudio fenomenológico de los valores de intimidad del espacio interior, la casa es, sin duda alguna, un ser privilegiado, siempre y cuando se considere la casa a la vez en su unidad y su complejidad, tratando de integrar todos sus valores particulares en un valor fundamental. La casa nos brindará a un tiempo imágenes dispersas y un cuerpo de imágenes”. En la frase del filósofo y crítico literario francés están expuestos los principales argumentos que también encontramos en estas pinturas: la complejidad semántica de lo que entendemos por “espacio interior”, la fenomenología de su misma “intimidad” en tanto que “casa” o espacio habitable, así como la extraña unidad de su representación en un cuerpo de imágenes. Con estos espacios de significación podemos perfectamente integrarnos en estos interiores, o territorios de protección afectiva y cultural, que con estilo y elegancia dicen al espectador: “Pero pase, por favor, no se quede ahí”.
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