Galería Artecovi. Madrid, 2007
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“Ikella pintura dESPACIO”
Fernando Rincón El Punto de las Artes. Abril de 2007. El mundo creativo de Ikella es una concepción circular, en tanto que del mismo se deriva una vuelta constante hacia su obra. Autodidacta en su formación, conoce y asimila para no repetir la generación madrileña de pintores que, en los setenta, inundaros este mundo con propuestas sorprendentes. De su mano descubre también los clásicos que abren y proyectan horizontes y posibles. Su obra es un proceso de creación y recreación, de regeneración a partir de sí mismo, con un punto de arranque efectivo en el año 93 y el auto referente que suponen sus propias imágenes fotográficas. Obsesiones que comienzan de esta manera para repetirse con infinitas variaciones. Son ya dos planos de la realidad que proponen una infinitud delatada claramente en la única construcción espacial efectiva que podemos observar. Las dimensiones físicas de la misma surgen como una necesidad a partir del proceso auto compositivo y cognoscitivo. Desde ellas renueva la energía, generando un poderoso ímpetu al que no escapan las vistas de los lugares que él mismo visita en sus viajes. Nuevos mundos descubiertos que refuerzan su juego. Y tras la base teórica, llega con mediana claridad a la ejecución formal, con la línea como leitmotiv constante. Rayas de mecánica sugerencia, ejecutadas por una mano paciente, capaz de comprender la mancha precisa que, yuxtaponiendo el color, determine un espacio que se construye intelectualmente en el espectador a partir de la acumulación de datos visivos. En los últimos tiempos, Matisse ha recalado en su pupila para, con sus constantes líneas, repetir construcciones en variación hasta el infinito donde desgrana las posibilidades del plano. Puertas y ventanas de fuerte base abstracta acercan sus trabajos recientes a la autonomía de la pintura, controlada por la voluntad de quien propone con ello volúmenes absolutamente intelectuales no evidenciados con falaces sugerencias. En un mundo que se caracteriza por la superficialidad y el vivir deprisa, consumiendo y sin plantearse nada seriamente, destaca el hecho de encontrar quien se sirve del arte para hacer una reflexión múltiple, constante y obsesiva con el espacio, la realidad y la propia obra. |