Palacio de los Condes de Gabia. Granada, 1997
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EL ESPACIO DESCUBIERTO
Granada, 1997. Palacio de los Condes de Gabia. Sala B. Espacio institucional del Ayuntamiento de Granada. La obra de la serie “Pantallas”, curiosamente reúne tres aspectos: la pintura, la escultura y la arquitectura. Los aglutina de tres modos distintos, por el espacio, por el soporte y por la pintura en sí misma. Mi trabajo siempre se ha caracterizado por el discurso que he mantenido entre el plano y el volumen. No ha sido tan importante el hecho de la ilusión de las tres dimensiones en el plano, sino la relación que mantienen el volumen en las dos dimensiones y el plano en las tres. Hay todo un proceso encadenado en mi trabajo. Hacia el año 1991, pintaba formas indefinidas con volumen (“Volúmenes profundos”, 1991-92); más adelante esas formas indefinidas se hicieron planas, para convertirse posteriormente en formas cuadrangulares (“Impresiones”, 1994-95); las formas cuadrangulares las pinto sobre un soporte con volumen físico, sobre el tubo (“Pantallas”, 1996-97); pinto un tubo ilusorio sobre un tubo físico (“Hacia dentro – Hacia fuera”, 1997); el volumen con aspecto de tubo lo llevo al lienzo, a la superficie bidimensional (“La Raíz”, 1998); seguimos avanzando, esta vez pinto el volumen sobre el lienzo y posteriormente lo monto sobre un soporte de tubos físicos (“Rapsodia”, 1999); la banda vertical de pintura con volumen (tubo), pasa a ser una franja vertical plana (“Iluminaciones”, 2001-02); y a partir de este momento la franja vertical se estrecha y se convierte en pincelada (“Espacios”, 2003-04). Este podía ser explicado brevemente, el paso de la forma indefinida a la forma definida, del volumen al plano y del tubo a la pincelada. Valga para aclarar más aspectos sobre este proyecto. Antes de entrar de lleno en el asunto del montaje, quisiera aportar unas ideas sobre el espacio. Es llamativo, ver como un especialista en el espacio, un arquitecto, se maneja tan bien sobre el plano. Capaz de mirar el espacio de una forma especial. Tú miras al plano, pero no ves nada. En cambio el especialista le saca todas las posibilidades. En mis conversaciones con Juan Carlos Rico, aprendí a mirar un plano. Sobre todo a acostumbrar la mirada. Cuando se trabaja sobre plano, es muy importante contar con medidas exactas para que luego no haya errores. Es por eso, por lo que tengo que insistir una y otra vez sobre el plano. Hay tres zonas definidas de montaje en este proyecto. Llamemos A al espacio de mural; B a la zona de columnas; C al resto de la sala. El espacio tiene que funcionar en conjunto, independientemente de los montajes. Empecemos con el espacio A. Tengo 8 cuadros de 40 x 50. El soporte son tubos de cartón ensamblados con varilla de rosca. La temática es geométrica. Un damero, que va variando en cada pieza de color. El tamaño de la pared donde va a ir montado este trabajo es de 837 cm. Al ser tan grande la pared, necesita distancia para observarla. No puedo utilizar colores que me achiquen el espacio. El primer problema surge en cómo colocar las ocho piezas, cual va a ser su distribución. Decido hacer una cuadrícula ajedrezada sobre la pared. Mantiene la misma estructura que los cuadros. Al tener esta cuadrícula, sólo tengo que ir colocando cada obra en una casilla determinada y para ello recurro al juego del ajedrez. Pensemos que cada pieza es la figura de la “reina”. Conociendo como se desplazan, tenemos que intentar que ninguna de las “reinas – obras”, se toquen entre sí. De este modo ya tendremos la distribución de los cuadros y de un modo muy equilibrado. Para que las piezas sobresalgan y destaquen de la pared, es preciso pintar esta última de forma leve. Utilizo un color amarillo muy suavizado con blanco. Da la sensación de ver una pared blanca con unas manchas amarillas muy suaves. Ya estoy tranquilo, porque sé que los cuadros salen de la pared. Pero me surge otra conflicto. Quiero que se vean las piezas como si se moviesen. La idea es hacerlas flotar sobre la pared. Es necesario separarlas de la pared unos 8 centímetros. De este modo, da la sensación que los cuadros flotan y se desplazan. El color leve de la pared ayuda mucho a recrear el ambiente. Para separar las piezas utilizo cuatro varillas de rosca de 10 cm. Cada varilla está en un extremo del cuadro y hace la doble función de sujetar y separar. Ya tenemos montado el primer espacio. B, la zona de columnas. Un aspecto que si veo necesario comentar, es la disposición espacial de esta obra. Hasta el momento no he hablado de la cuestión instalativa. Toda mi obra antes de ser expuesta, tiene que estar interconectada con el espacio donde va a ser vista. Pero el que modifica su estructura es el espacio, no la obra. En el caso de “Pantallas”, adopto nuevas posturas en el aspecto instalativo. Por una lado empiezo a ocupar el espacio volumétrico, además del lineal. Los cuadros están suspendidos en el aire por medio de unos tensores de acero que cuelgan del techo. También van colgados de las paredes. La particularidad que se consigue con los que están suspendidos, es que pueden verse por ambas caras. Los cuadros al estar formados por tubos, están pintados circularmente, lo que nos da la posibilidad de poder visualizarlos por ambos lados. Y también pongo de manifiesto un nuevo sistema, que trata, de separar los cuadros unos centímetros de la pared, dando la sensación de flotar sobre esta. Todos estos procedimientos, son fruto de conversaciones con un arquitecto (Juan Carlos Rico). Se relacionan el mundo de la pintura con el de la arquitectura. Esta zona de columnas es un espacio descubierto. Desde la entrada de la sala no se podían ver las zonas de sombra que marcaban las columnas. Delimitar las franjas de sombra me sirvió para situar y montar las obras. Dos columnas en el espacio. La zona que recibe luz tiene dos cuadros colgados. La zona que está en sombra construye un espacio. Pinté de color azul las partes traseras de las columnas. Su proyección en el suelo, la realicé con una moqueta del mismo color azul. Y su reflejo en la pared, también con pintura azul. Por tanto, tenía toda la zona de sombra marcada con color azul. Entre las dos columnas monté dos cuadros fijados a la pared. Y cerrando las dos salidas del espacio, dos cuadros suspendidos del techo con unos cables de acero. Como los cuadros se pueden ver por ambos lados, el público podía verlos desde el interior de las dos columnas o desde el exterior de estas. Se conseguía el aspecto de circularidad de los cuadros. Dos columnas, cuatro cuadros suspendidos y dos cuadros montados en la pared. Un espacio dentro de un espacio. Y lo más importante de todo, es el hecho de estar oculto. Un espacio que se descubre al mismo tiempo que se revela el propio espacio de la sala. Al tener los cuadros suficiente peso, no fue necesario más que poner dos cables por cada cuadro. Veremos en otro montaje como el hecho de tener poco peso obliga a dar más sujeción al cuadro. La altura de los cuadros es determinante. Me di cuenta que las piezas que estaban flotando tenían que estar un poco más altas que las que colgué en la pared. Por el hecho de estar flotando, dan la sensación de más peso y es por lo que tuve que levantarlas un poco más. La moqueta me sirvió de corte. Nadie atravesaba entre columna y pared. Funcionaba como perímetro de seguridad. La moqueta infundía respeto y distancia. Pero, comentaré que no siempre es así. C, el resto de la sala. En un principio pensé en crear otra zona de sombra dentro de la sala. Pero al final me pareció suficiente con la parte de las columnas. Fui repartiendo cuadros por el resto de la sala y los monté al modo convencional. Tan sólo jugué dando armonía relacionando los colores de los cuadros. |