IKELLA ALONSO
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Sala El Almazén de La Nave. Madrid, 1994

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TRES PROYECCIONES
Sala El Almazén de La Nave. Madrid. 1994


La negación aleatoria plantea la ruptura. Se materializa en dos montajes. El primero marca el inicio de la ruptura, el cambio hacia una nueva postura pictórica. Se le da carácter de unidad al trabajo bajo una misma dimensión en el espacio. En el segundo montaje se plantean varios interrogantes enfocados sobre la misma obra: Tres proyecciones sobre la Negación Aleatoria. La primera de las proyecciones va dirija al aspecto de instalación de la obra. Se centra la importancia en el espacio, pero al mismo tiempo éste va dirigido desde la propia pintura. Una instalación desde la PINTURA, con palabras mayores. La segunda proyección muestra la importancia del cuadro como valor dentro de otro cuadro: LA PARED. Y en la última proyección se fusiona el aspecto pictórico con las tres dimensiones, su anclaje en el espacio visto como totalidad y conjunto dentro de un marco: el arquitectónico.

Tres preguntas que se funden en una sola cuestión: la pintura frente a la instalación; la pintura frente a la escultura; la pintura frente a la pintura. ¿Cuál es el valor de la pintura?

La fecha del primer proyecto es 1994. El lugar donde se monta es el Almazén de La Nave, en Madrid. Una antigua fábrica de hielo, convertida después en garaje y más tarde en sala de exposiciones. Tenía una buena cantidad de cuadros para esta exposición. Todo era obra de periodos antiguos, que fui tapando – negando poco a poco. Utilicé el color negro para negar los cuadros. Me daba un buen conjunto de obras de muy diferente formato. Resultaba difícil exponer este trabajo con una cierta coherencia, sobre todo por la diversidad entre formatos. Podría haberlos agrupado por tamaño, pero me pareció un resultado simple. A parte, tenía interés por mostrar el trabajo, dado su carácter de unidad, en consonancia con el espacio. Era necesario que el propio espacio se convirtiese en una obra también. Para ello tenía que trabajarlo como había construido los cuadros: negando el espacio.

Me dediqué a estudiar el plano de la sala y a intentar ver cómo podía proyectar la obra en el espacio. Decidí hacer tres montajes unidos, pero a la vez diferenciados. Una zona cuadrada, que funcionaba como cubo, era ideal para realizar una instalación con la luz. La pared grande de la sala, con 8 metros de larga y tres metros de alta, era correcta para hacer un cuadro. Y por último, el fondo de la sala me serviría para hacer un volumen – escultura colgado sobre la pared.

Tenía claras las tres proyecciones de la obra sobre el espacio, pero tenía que completar con más elementos para dar la sensación de unidad. Sobre todo para no dar saltos entre una proyección y otra. Empecé por pintar el suelo con las mismas marcas y del mismo modo, como construía una obra. Para que no fuese demasiado chocante, utilicé el mismo color pero un tono por encima. El suelo era de color gris. Pinté marcas rectangulares de un tono gris más oscuro por todo el suelo de la sala. Desde este momento, todo lo que montase estaría unido. Montado sobre, no montado en.

​Otro de los elementos importantes de peso en la sala, era el portón. Estaba dentro de la zona de la instalación, pero a un tiempo servía de cierre del espacio. Lo pinté de negro, para remarcar el corte. Coloqué sobre la puerta formas rectangulares pintadas de color blanco. Funcionaba como positivo – negativo con respecto al suelo.

La primera proyección: la instalación
La zona de instalación es el cubo de la sala. Incluye el portón y dos paredes laterales. Lo más importante es el aspecto de la luz en el espacio. La luz en el cuadro opera puntualmente, por lo que la luz en el espacio debe tener la misma actuación. Pensando en Boltanski (artista del que siempre he estado pendiente), monte una estructura con forma de araña en el techo del cubo. Tenía que haber coherencia plena entre los cuadros, las luces y el espacio. Seis cuadros de tres en tres en las paredes laterales; seis bombillas colgadas del techo; seis marcas rectangulares en el portón; seis marcas rectangulares en el suelo. 6 x 4 = 24

La idea era conectar todos los elementos mediante ejes virtuales. De tal manera que un cuadro coincidiese con una marca del suelo y una marca del portón. En ese punto exacto colgaba una bombilla. Se ocupaba el espacio lineal y el espacio cúbico. Esta relación de conexiones daba al espacio del cubo, armonía.

La segunda proyección: la pared
Esta proyección pertenece a la zona intermedia de la sala. Ocupa el espacio de una pared lineal de 800 x 300 cm. Cada cuadro posee la característica de estar formado por formas cuadrangulares. De tal modo, que la pared será un gran cuadro formado por un gran número de obras. Si los cuadros son negros con retículas de color, la pared es blanca con cuadros negros llenos de retículas. El espacio es positivo y el cuadro negativo.

La tercera proyección: la escultura en el espacio
Construí tres cubos de madera de diferentes tamaños. El más grande de 50 x 50 x 50; el intermedio de 40 x 40 x 40; y el más pequeño de 30 x 30 x 30. La idea era colgar los tres cubos de la pared del fondo de la sala. Trabajar la pared del mismo modo en que estaban trabajados los cubos. Pared y cubos se mimetizaban y visto de un modo plano, se veían tres formas cuadrangulares sobre la pared.

La pintura, la escultura y la arquitectura. Todo fusionado en el mismo espacio. Esta es sin duda la impronta de este proyecto.















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